lunes, 10 de mayo de 2010

VALENCIA CELEBRA A SU PATRONA, LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS


Miles de valencianos han acompañado hoy a la Virgen de los Desamparados en el día de su festividad y han mostrado su fervor y devoción durante el traslado de su patrona de la Basílica hasta la Catedral de Valencia, que se ha desarrollado entre la emoción, aplausos y aclamaciones de «Visca la Mare de Déu». Miles de fieles han asistido a las tradicionales 'Missa de Descoberta' y 'Missa d'infants' en la Basílica y solemne Pontifical en la Catedral.
Ha sido una noche larga para muchos devotos valencianos que peregrinan desde diversas localidades de la provincia hasta llegar al corazón de la capital, La Plaza de la Virgen.
Los actos en honor a la patrona de Valencia se han iniciado a las cinco de la mañana con la tradicional Missa de Descoberta, oficiada por el obispo de Lleida, el valenciano Juan Piris, y en la que se descubre la imagen de la Virgen en el altar de la Basílica.
A las 8:00 horas se ha celebrado la Missa d'Infants, presidida por el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, concelebrada con ocho obispos y decenas de sacerdotes. El president de la Generalitat, Francisco Camps, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, han asistido a la ceremonia junto a los vicepresidentes, varios concejales y miembros de la oposición municipal y otras autoridades militares, judiciales y docentes.
El traslado de la Virgen de los Desamparados y la bendición de los niños
El traslado de la Virgen volvió a ser el acto que más lágrimas hace brotar. Como cada segundo domingo de mayo desde hace cuatro siglos, la imagen peregrina de la Geperudeta salió a las 10.30 horas de la Basílica para iniciar un lento traslado en volandas hasta la Catedral de Valencia, para la misa pontifical. La imagen es transportada a hombros a lo largo de un recorrido de apenas un centenar de metros, que se prolongó este año durante 25 minutos, ya que aunque los braceros tratan de conducir la imagen, su labor se ve dificultada por una avalancha de fieles que se agolpa en todas las direcciones y que pugnan por tocarla.
Son sobre todo padres con niños, ya que se trata de una tradición familiar. Los padres traían a sus hijos desde que eran bebés y los padres de ahora siguen trayendo a sus hijos a este acto para que la Virgen les bendiga. Sin el temor al mal tiempo, los bebés han volado sobre las miles de cabezas del gentío. Es una de las tradiciones más aplaudidas y también sobrecogedoras. Los padres aúpan a sus hijos de corta edad para que, conducidos por la masa, rocen el manto –este año azul–. Ninguno se pierde por el camino.

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